Vencedores vencidos
Repetidas son las veces que aquellos que piensan diferente son denigrados. Casi como esos pastizales que se pasean frenéticamente sobre su eje al compás del viento, observando desde el costado de una larga ruta, abundan las personas que se mantienen estáticas y creen seguir o tal vez, recuperar una realidad que ya es ajena a ellas.
Durante ya varios días, me he encargado de entablar conversaciones con la mayor cantidad de gente posible, además de ideologías muy diferentes, para intentar ver que tan fuerte era mi forma de pensar, que errores o huecos tenía y qué cosas podía mejorar; mas me he llevado más decepciones que frutos jugosos. ¿A qué me refiero? No son pocas las personas que parecen juzgar erróneamente qué es práctico y qué es utópico. Antes de proseguir, es preciso aclarar que se llama normalmente utopía a algo que no se puede realizar. Hoy en día, algo que se pueda concretar o no es simplemente relativo. Hablaré al respecto más adelante, ya que ahora me centraré en los fragmentos más importantes de mis discusiones.
El punto más frecuente en el que suelo enfatizar cada vez que hablamos del hombre y su forma de actuar, es la naturaleza. Muchas personas, la mayoría con las que he hablado, se refieren con la naturaleza del hombre a lo innato, a lo predestinado. ¿Exagero? Hace miles de años, la filosofía hablaba del destino como algo que no se puede cambiar, afirmando que no importa qué hagamos, nuestra vida ya estaba escrita. Ese trozo de pensamiento perduró en muchas religiones, como los gitanos que leen las manos (sin faltar el respeto, por supuesto). Podemos relacionar tales conceptos porque tanto la naturaleza como el destino son invariables, no importa el caso. Según varios conocidos, está en la naturaleza del hombre odiar, codiciar, matar (la guerra) y demás acciones que, infelizmente, coinciden con los famosos pecados capitales. Para aquellos que lean esto y estén de acuerdo, me han sostenido este concepto diciendo que desde el origen de la humanidad el hombre ha hecho estas cosas. No soy ajeno a este punto y es cierto que el hombre ha hecho esas cosas, pero fue por las circunstancias. Con esto me refiero a que el hombre siempre actúa según la situación social que le toca vivir, es condicionado por su realidad. Tal hecho entonces nos lleva a razonar que si la sociedad cambia, así cambiará lo "innato" en el hombre. Por lo tanto, queda completamente desacreditada la afirmación del concepto de la naturaleza del ser humano, ya que el mismo ha accionado de maneras completamente diferentes y si, desviándonos un poco, existiera tal cosa jamás habrían existido figuras como Gandhi, Jimmy Hendrix, Martín Luther King, Che Guevara, etc.; citando ejemplos diversos, porque todos estamos destinados a ser malvados. Lacan, en sus escritos acerca de la psicología humana, felizmente habla de que el hombre está condicionado por lo lingüístico, lo simbólico. Con simbólico se refiere al lenguaje, a las normas de la sociedad y a las obligaciones impuestas por determinados poderes ajenos. Para finalizar este tema, queda aclarado que no existe nada innato en las personas, sino que las mismas son moldeadas por la sociedad, su educación y los poderes públicos del gobierno vigente.
Otro punto muy recurrente al que me refiero es a la efectividad de la política, en cualquiera de sus casos; ya sea democracia, parlamentarismo o dictadura militar. Por mi forma de pensar, me posiciono muy crítico ante todo poder político, mas reconozco aspectos positivos si los hay. Casi todos con los que he hablado en política coinciden en que se deben hacer reglas impuestas, se deben desplegar fuerzas públicas en conflictos y debe haber líderes de todo tipo. Difiero mucho de este pensamiento, sobre todo en la necesidad de jefes o líderes. Seguir a un líder o someterse a cualquier tipo de gobierno, pensamiento o camino es denegar nuestra propia capacidad de pensar, de decidir y destruye cualquier iniciativa personal que podamos desarrollar. Todo lo que el líder dice está bien. En el momento que seguimos, dejamos nosotros de ser líderes y nos posicionamos detrás de otro. Asimismo, en el momento que nos titulamos líderes nos "posicionamos" delante de los demás. Relacionado con lo que hablé líneas arriba respecto a la naturaleza del hombre, si alguien puede ser líder (refiriéndome a sus aspectos y conocimientos), todos podemos serlo si lo queremos. El creer que alguien es mejor y que eso no puede cambiar es absurdo, porque es una persona al igual que uno. Si bien no repudio la existencia de líderes, repudio el seguirlos y aplaudo ir a la par de ellos. A menos que se quiera mantener dominado, todas las partes deben ser lideres para no ser engañadas o mandadas como rebaño. Es por esto que afirmo que la sociedad no puede cambiar, de ninguna manera, siquiera en democracia por la razón básica que en tal forma de gobierno hay un grupo político que va a querer seguir manejando como rebaño al pueblo. Lo mismo sucede en los otros modelos que mencioné. No hay voluntad del aparato político de cambiar eso, mucho menos en conglomerado de sectores económicos. En síntesis, esa es una de las razones que critico de dichos modelos políticos. Apoyo medidas populares como muchas de Perón, Evo Morales y Chávez, pero no se puede ir más allá de eso porque es técnica y políticamente imposible. El Estado, por más publicidad o ingenio que se le ponga, no deja de ser un estado temporal social, ni siquiera necesariamente un período de transición. "El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía”, afirmó Karl Marx.
El tercer y último tema recurrente es el más interesante y argumentativo: Lo práctico y lo utópico, politicamente hablando. Este punto me interesa mucho porque ha surgido reiteradas veces con un amigo hablando de la Rusia post-octubre de 1817. Mientras yo repudiaba la Rusia oligárquica que reinstauró Stalin, un amigo afirmaba que si no hubiera sido por el, Rusia jamás habría podido ser una potencia capitalista capaz de competir con Estados Unidos. Claramente tiene razón pero, ¿Fue bueno ser tal cosa? ¿Un pueblo que luchó por su libertad quería que volviera la burocracia al poder? ¿Los revolucionarios que dieron su vida querían ver nuevos opresores pisar a sus hermanos? Las personas volvieron a ser esclavas, reprimidas por un aparato militar que asesinó a la mayor cantidad de opositores posible. Aunque de esto también fue responsable Trotsky. "La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”, decía Karl Marx. El aparato político llevado a cabo por los bolcheviques no hizo más que hacer nacer un nuevo imperio en la madre fría: Uno que aspiraba a vencer a su hermano en occidente y nunca más volver la mirada al proletariado. “Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde”, escribió Jean Jacques Rousseau. Pero volvamos al inicio de éste párrafo, en el que comencé hablando de lo práctico y lo utópico. No. Volvamos más atrás aun, al comienzo del texto, con la descripción de los pastizales. Es muy común, particularmente en Argentina, hablar de política certera o socialista o nacional y popular al peronismo. No es el momento de discutir si es bueno o no, pero si es preciso aclarar que el peronismo, lamentablemente, terminó siendo más de lo mismo. Antes, líneas más arriba, admitía que adhería a cualquier medida que fuera benéfica para el pueblo y lo sostengo, pero el peronismo, así como cualquier modelo estatal, no está destinado a despegar de su eje ni mucho menos a mirar abajo a quienes lo sostienen: el pueblo. No al menos hoy. No importa quién esté al poder ni que medidas populares se realicen, los estados siempre terminan por ceder a los poderes de la alta burguesía, a los sectores fuertes del capitalismo como las mega-empresas extranjeras y los bancos. Para que se comience a entender la idea que quiero plantear, con medidas prácticas me refiero a acciones de corto plazo, inmediatas, para calmar temporalmente las aguas. No es más que eso. En efecto, las medidas inmediatas nunca han perdurado en el tiempo sino que sólo fue un placebo para el mal que vive la sociedad. Pero se le dice utópico a todo aquello que es, supuestamente, imposible de realizar. Una autogestión es imposible de realizar, dicen. No es posible el orden sin Gobierno, afirman. ¡Pero vamos! Recuerdo la Revolución de Octubre, recuerdo la autogestión de los españoles durante la separación del estado en el 36, recuerdo la agilidad del Ejercito Negro de Ucrania. ¿Imposible? No. Aquellos que creen tener el poder no lo quieren. Es por eso que los bolcheviques destrozaron a la autogestión española. Es por eso que los políticos se refieren a algo así como utópico o peligroso. No es imposible, sí difícil y largo, pero de ninguna manera imposible. Ya ha ocurrido, pero se ha hecho todo lo posible por detenerlo. Pero muchos me dicen que los tiempos han cambiado, que la gente es mala por naturaleza y que no puede suceder algo así. Abramos los ojos: En los lugares más pobres del interior no existe gobierno que los ampare, los indígenas no tienen quien los respalde y siguen, esforzándose día a día, viviendo. Viven en comunidad y no perjudican a nadie, incluso cuando los violan de toda forma posible constantemente desde los diferentes poderes políticos. Terminemos con el concepto de utopía como algo imposible. Terminemos con la idea de que somos un gran rebaño que sigue y que eso no puede cambiar. Es hora de que dejemos de creer todo lo que nos dicen y pensar. No seamos una masa uniforme, arrastrada por las pesadas cadenas del capitalismo y la burocracia política. "Uniformidad es muerte, la diversidad es vida", concluyó Mijail Bakunin.
¿Quién sos?
Este lúgubre, incluso triste, relato comienza anoche, esperando el colectivo. Me dirigí a mi típica parada oscura, casi oculta por la falta de luz y la ausencia del cartel del transporte que ahí debería estar. Nunca hay nadie allí, por lo que tiendo a divagar o cantar tranquilo mientras escucho un poco de música o a veces leo un poco. Ayer fue diferente: Había un hombre, un anciano, que se encontraba apoyado contra el árbol de la parada. Su aspecto era inofensivo y hasta se podría decir que expresaba simpatía. No reparé en él prácticamente hasta el momento en que yo me puse en medio de la calle sombría y extensa para chequear si el colectivo estaba por llegar. Siempre espero en la calle y me hago a un lado ocasionalmente cuando algún auto o moto pasa, ya que es muy tranquila. Imprevistamente, el hombre se dirige a mí con calidez diciéndome: “tené cuidado que te van a pisar, pasan muy rápido acá”. “No se preocupe señor, espero habitualmente aquí y me fijo si viene el bondi”, le respondí.
Luego de unos minutos de charla en que nos contamos un poco de cada uno, Jorge me preguntó algo muy particular: “Y yo te tengo que hacer una pregunta… ¿Vos quién sos?”. Por unos instantes no supe qué responder. Al principio pensé que había sido una pregunta agresiva, refiriéndose a quién era yo para hablarle a él. Vacilé unos dos eternos segundos hasta que me presenté como Ezequiel. Fue un momento bastante incómodo, pero comprendí que su interrogatorio no era para nada violento cuando me repitió, "¿Vos quién sos?". Esta vez sí que no sabía qué responder, por lo que le pregunté a qué se refería entonces. “Todos algún día estaremos en la tumba”, me afirmó. “Algún día, tu nombre va a estar escrito en una piedra. ¿Qué va a decir abajo de tu nombre?”. Simplemente me helé. “Espero ser recordado como alguien de bien”, dije, sin estar convencido de mí mismo. El hombre insistió con la pregunta, como diciéndome que esa no era una respuesta. En el instante, fue muy incómodo no saber que decir, cuando generalmente yo siempre contesto, aunque sea un “tenés razón”. Esta ocasión no tenía qué responder, qué admitir… Simplemente tuve que aceptar el hecho de que todavía no había vivido lo suficiente para siquiera razonar esa respuesta.
El colectivo salvó mi juventud, llegando en el momento justo para rescatarme de mi edad, de mi falta de experiencia. Aquel Jorge habló con el colectivero, pasó sin pagar y no comprendí. No me importó y pagué mi boleto. Pensé que tendría tiempo para que esa misteriosa persona me contara que diría su piedra, pero me sorprendí al ver que solamente se subió para bajarse a la parada siguiente. Tal hecho fue una patada en la cara, obligándome a no poder más que reflexionar sin parar durante el extenso viaje de regreso a mi casa. Tal vez para aquél que lea esto habrá infinidad de respuestas. Yo también las tengo, pero… ¿Cuántas realmente consideramos como ciertas? O aún mejor… ¿Cuántos realmente llevaremos los actos que deseamos en la juventud hasta la muerte? En una hora entera de reflexión, no logré obtener ninguna respuesta que me convenza.
De vez en cuando; ya sea películas, libros o charlas; escuchamos frases referidas a la muerte o la manera en la que vivimos. Una frase interesante es “Una persona no se determina por el nacimiento, sino por las acciones que realiza”. Escribo estas líneas como para expresar de alguna manera esta situación que es simple, pero para mi compleja. Tal vez le di un toque de misticismo subjetivo que no pude evitar, pero es así como lo sentí. Es complicado a mi edad determinar qué dirá mi tumba, pero lo que sí se es que quiero ser recordado como uno de los que “odia al sistema”. Quiero ser recordado como un soñador contemporáneo, un pensador clásico como aquellos del siglo XIX y XX.
¿Cómo querés ser recordado vos?
Me quedo con una frase muy graciosa de mi novia: “¿Qué onda? ¿Te encontraste con John Locke?”.
¿Otra vez sopa?
La otra vez realicé un posteo que los que lo leyeron dijeron que era confuso o poco claro tal vez. Por lo tanto, esta vez hablaré del otro lado de lo que decía la otra vez: El regreso de la ultra derecha.
Si bien los términos derecha o izquierda hoy en día son simples apodos, ya que las antiguas luchas por un mundo mejor han desaparecido, es preciso destacar que sí hubo una tendencia que siempre fue clara y que todos conocemos, fueron el nazismo y el fascismo. Cualquiera que se ponga a hablar de política tarda en encontrar un punto en común de militancia, por decirlo de algún modo. Esto ocurre especialmente en la “izquierda”, que es mucho más amplia. Marxistas ortodoxos, leninistas, trotskystas, maoístas, castristas, etc. La variedad poco importa para los sectores conservadores: Todo va bien mientras las clases populares no molesten.
Hace unas líneas hablaba del derecho de la ultra derecha y con esto quiero dejar claro una cosa: Si regresa, es porque nunca se fue. Se trata de un pulpo burocrático como el que contaminó el movimiento revolucionario ruso de ese Octubre de 1917 que tamaña victoria había obtenido, con Stalin a la cabeza. Se puede decir, a grandes rasgos, que la cuna de estas horribles tendencias racial-políticas son Alemania e Italia, respectivamente, con Adolf Hitler y Benito Mussolini.
Yendo directamente al grano, me refiero a que estas corrientes han vuelto por los hechos: En Italia, esta ideología está renaciendo con muchísima fuerza. Hace unos meses y de nuevo recientemente, múltiples manifestaciones se gestaron en el país en queja por los inmigrantes y reclamando que estos se vayan. Sí: gente desagradecida, podemos decir, porque cuando Italia sufría los estragos de la guerra fueron de los primeros en emigrar a Argentina. ¡Momento!, con esto no estoy hablando de todos los italianos. Simplemente, es claro que los nuevos fascistas se manejan desde la enorme ignorancia e ingratitud, como siempre lo ha sido la derecha en general. También, en los recientes días, se han incrementado estas actitudes por toda Europa debido a la crisis: por supuesto, hay que culpar a alguien por la ineptitud y la propia condena que conlleva el capitalismo.
Hace dos días, en Inglaterra, un grupo fascista de trabajadores ingleses de Lindsey reclamaron por privilegios ante otros trabajadores honestos de Portugal (y cualquier otro país, claro está) que viven en Boston, “una ciudad deprimida y nacionalista”. Bueno, esta vez no fue a unos negritos latinos, ¿No?
En cuanto a movimientos nazis, solo puedo decir que siempre fueron los mismos recontra pelotudos de siempre diciendo “los blancos son mejores”, con alguna que otra variación. Búsquense un propósito propio en la vida, que el mundo les queda grande.
La crisis mundial económica del capitalismo que venimos sufriendo desde la última cuarta parte del